Para un padre, la muerte de un hijo es devastadora. Pero perder dos hijos... ¡inimaginable! Sin embargo, esa fue la experiencia del músico, escritor y actor Nick Cave. En 2015, su hijo de quince años cayó de un acantilado y murió. Años después, su hijo mayor también murió. Ante una pérdida tan abrumadora, ¿cómo lograron Cave y su esposa seguir adelante? ¿Cómo lo harías tú?
Brenda y Eduardo se subieron al coche y comenzaron su ritual de los jueves por la noche.
Flannery O’Connor es una de las escritoras más reconocidas del sur de Estados Unidos. Sus historias abundan en sufrimiento y gracia. Cuando su amado padre murió de lupus cuando ella tenía quince años, se volcó devastada a escribir su primera novela. Pronto, a ella misma le diagnosticaron lupus, una enfermedad incurable que le quitó la vida a los 39 años. Los escritos de O’Connor reflejan su angustia física y mental. La novelista Alice McDermott dijo: «Creo que fue la enfermedad lo que la convirtió en la escritora que es».
En la conmovedora escena hacia el final de la novela histórica Brendan, de Frederick Buechner, el personaje Gildas se levanta y se ve que le falta una pierna de la rodilla hacia abajo. Al querer tomar su bastón, pierde el equilibrio. Brendan pega un salto y lo sostiene.
Sus fans la conocían como Nightbirde. La cantautora Jane Kristen Marczewski ganó adeptos en un popular concurso de talentos de televisión. En 2017, le habían diagnosticado un cáncer de mama en fase 3. En 2018, entró en remisión. Empezó a hacer giras, pero meses después, el cáncer reapareció. Sorprendentemente, se recuperó. Pero en 2022, Nightbirde murió.
¿Qué es lo primero que te viene a la mente cuando oyes la palabra propiedad? Tal vez un bien inmueble. Pero también podrías pensar en «una cualidad de un individuo o cosa». Por ejemplo, la propiedad de un cierto tipo de madera da información sobre ella. ¿Cómo es la textura? ¿Tiende a encogerse o es resistente al agua? Es decir, ¿de qué cualidades de la madera puedes depender?
Es algo terrible amar lo que la muerte puede tocar, comienza diciendo un poema escrito hace más de cien años por el poeta judío Judah Halevi. Y luego aclara lo que está detrás del temor: amar […], y ay, perder.
Nadie mencionó las cosas que solemos perseguir en nuestra vida. Esto fue lo que descubrió la enfermera de cuidados paliativos Bronnie Ware sentada junto a los moribundos. Les preguntaba a propósito: «¿Harías algo diferente si pudieras volver a hacerlo?». Surgían temas comunes, y ella hizo una lista de los cinco remordimientos más destacados: (1) desearía haber tenido el valor de vivir una vida fiel a mí mismo; (2) no haber trabajado tanto; (3) haber tenido el valor de expresar mis sentimientos; (4) haber permanecido en contacto con mis amigos; (5) haberme permitido ser más feliz.
En promedio, una persona consulta su teléfono 150 veces al día. Piensa en esto un momento. Algo ha captado nuestra atención, y puede que no sea para nuestro bien. Tristan Harris lo cree. Es una de las voces de un documental con algunos de los principales nombres de la tecnología, personas que nos introdujeron en las «redes sociales». En este documental titulado El dilema de las redes sociales, sus voces hacen sonar una alarma: «Nosotros somos el producto. Nuestra atención es el producto que se vende a los anunciantes». Prestamos atención a lo que consideramos valioso o digno. Y en un sentido muy real, llegamos a adorar aquello a lo que prestamos atención.
El acróbata Philippe Petit se hizo famoso en 1971 cuando caminó sobre una cuerda floja entre las torres de la catedral de Notre Dame en París. Tres años después, fue arrestado por caminar sin autorización entre las Torres Gemelas que anteriormente caracterizaban Nueva York. Pero en 1987, la caminata de Petit lució diferente. Como parte del festival de Israel ese año, el alcalde de Jerusalén, Teddy Kollek, invitó a Petit a caminar sobre un cable a través del valle de Hinnom. A mitad de camino, Petit soltó una paloma para simbolizar la belleza de la paz. Extraño y peligroso, pero todo por causa de la paz. Tiempo después, Petit dijo: «Por un instante, toda la multitud olvidó sus diferencias».